Esta semana, Bilbao Metropoli-30, la entidad en la que trabajo, ha organizado en colaboración con el Departamento de Promoción Económica del Ayuntamiento de Getxo, unas jornadas denominadas Getxopro 2020 sobre los sectores que este municipio, dentro de un proceso participativo, ha definido como estratégicos para su desarrollo económico del futuro.

Entre nuestras labores de apoyo, se encontraba realizar cada día un brevísimo resumen de las conclusiones más interesantes de la jornada y en este post, me dispongo a aprovechar lo aprendido, concretamente en la jornada dedicada a la cultura y la creatividad, para proponer un debate sobre algunas de las cuestiones que se trataron ese día.

En primer lugar, quiero destacar el conocimiento y la experiencia de todas las personas que participaron en las tres mesas debate. Como les comentaba a ellos/as mismos/as al acabar la jornada, algunas de las frases que allí se dijeron eran totalmente válidas para poder hacer unas camisetas de slogan con ellas.

Bromas aparte, el interés de las jornadas está orientado a tratar de fomentar el desarrollo y la actividad económica y por ello, se planteaba, entre otros temas, la idiosincrasia de las personas que trabajan en cultura y creatividad a la hora de emprender.

La primera consideración que se puso de manifiesto es que, más allá de las licenciaturas o grados en Bellas Artes, todas las personas somos creativas. A eso se dedica concretamente Miren Lauzirika de Art for Life!, a sacar y potenciar el talento creativo y las ideas innovadoras de empresas, organizaciones y personas.

Recurrente a lo largo de las cinco jornadas de Getxo, ha sido la necesidad de aunar esfuerzos, de buscar instrumentos que hagan posible la colaboración público-privada. Me alegro de que se haya mencionado una y otra vez este elemento porque es una de las razones de ser de Bilbao Metropoli-30. Josean Llorente utilizó la metáfora de la orquesta como ejemplo paradigmático en el que todas las personas tocan su partitura para crear algo más grande y más hermoso cuando se unen con las de los demás.

Pero el debate quizá más profundo que se planteó el jueves, a mi modo de ver, fue el que tiene que ver con si la cultura puede ser considerada un sector económico o una industria sin más. Santiago Noain, trajo a la mesa ese dilema, cuando planteó que, desde su perspectiva, una empresa que por ejemplo organiza conciertos no puede considerarse industria cultural, sino una empresa de servicios.

Las personas que crean cultura y arte y que aspiran a ganarse la vida con ello, se encuentran sin duda con una falla entre lo que quieren vender y lo que la sociedad quiere comprar. Por eso, Xabi Paya mencionaba en varios momentos de su intervención la pregunta de si la cultura quería jugar a ser industria. Si la respuesta es afirmativa, entramos en las reglas de la oferta y la demanda, en la competencia, en la profesionalización empresarial de las personas que crean, en legalidades, contabilidades y demás…

Emprender en palabras de Idoia Zabaleta es “mover el culo”, desplazarse hacia lo desconocido, abrazar el riesgo, un paso después de otro, cambiar de perspectiva, pringarse, comprometerse, vibrar entre el control y el descontrol, abandonar el desplazamiento continuo, calmar la ansiedad, parar para reparar, evitar las inercias,… En suma, un gran número de competencias que no tienen por qué estar vinculadas a la producción artística.

Hoy por hoy, las personas que tratan de vivir de la cultura son víctimas de auto-explotación según el término de Miren Lauzirika, pero también de precariedad, al menos hasta que llegan al nivel del “glamour”, al que sólo un minúsculo porcentaje accede.

Pero, aunque hay una parte de la cultura que efectivamente es apta para comercializarse, yo quiero alinearme con que la cultura no puede vivir de espaldas a la sociedad como bien dice Andoni Iturbe y con las dimensiones de valor simbólico y de impactos intangibles que mencionó Manu Alkiza. Como añade Koldo Iturbe, la cultura es el elemento con capacidad por ejemplo de aportar a un conjunto de barrios, el sentimiento de pertenencia a Getxo.

Pero, sin ninguna duda, destaco las aportaciones de Pilar Gonzalo sobre la democratización de la cultura y el papel que la cultura juega para conseguir una ciudadanía formada, con criterio. Y me haría definitivamente varias camisetas con mensajes que lanzó José Ramón Insa, como el de que la cultura más que un sector, es un vector y el de que la cultura es conocimiento, ética y gozo.

BM30-Getxopro

Y es que la cultura y la creación están vinculadas con la emoción. Las personas necesitamos y crecemos con emociones. ¿Quién puede ponerle un precio a eso?

Quizá sea cuestión de llegar a un pacto de mínimos que, por un lado, preserve y haga posible desde lo público la creación cultural y, por otro lado, explore otros mecanismos que quizá mercantilicen esta producción humana. Al fin y al cabo, nadie tiene la cabeza en disposición de crear, cuando en el estómago tiene hambre.

¿No deberíamos entonces como sociedad garantizar que haya unos recursos mínimos para que esa parte intrínsecamente humana no es aplastada por los recortes y por las frías leyes de los mercados?

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