¿De verdad que en tu organización lo más importante son las personas?

La motivación se está convirtiendo en uno de esos términos que en ocasiones se ponen de moda y de tanto usarse, a veces dejan de tener el impacto o el significado que merecen.

En los últimos tiempos, se ha hablado y escrito mucho sobre la motivación especialmente en el mundo laboral, sobre el desempeño de personas y equipos en relación con sus capacidades. La razón es que las organizaciones y empresas del siglo XXI se han dado cuenta básicamente de que sus resultados dependen de las personas, ni más ni menos, y de que el sistema de incentivos del “palo-zanahoria” ha dejado de funcionar. Muchas de ellas (algunas todavía no) se han percatado finalmente de que necesitan personas motivadas, involucradas, capaces de poner su conocimiento, su experiencia y lo más importante, sus ganas, al servicio de los objetivos de la empresa. Y es en ese momento y por razones productivas, no vayamos a pensar en causas nobles, que truenan las voces que a voz en grito manifiestan públicamente y sin reparo que “en esta organización, lo más importante son las personas”.

Soy bastante escéptica sobre este tipo de manifestaciones y no porque no crea en ellas, todo lo contrario, sino porque no veo a mi alrededor muchas organizaciones que de verdad se preocupen por las personas. No suelo utilizar un tono reivindicativo en mis escritos, pero reconozco que no sé si quedarme al respecto con incapacidad colectiva o hipocresía descarada.

Quizá en primer lugar, sería necesario clarificar qué significa preocuparse de las personas. En mi opinión, esto va mucho más allá de que haya moqueta y calefacción, o flexibilidad horaria o condiciones laborales digamos “agradables”. Fíjate que he escrito esto en el momento en el que estamos, en que las personas que están en activo lo viven como si tener un trabajo (que es un derecho), fuera el equivalente a que te haya tocado la lotería. Seguro que has oído el “están las cosas como para quejarse”… Pero no hablo de queja, hablo de sensatez y de calidad humana.

La variable del tiempo no es para mí la mejor medida, pero sería bueno comenzar preguntando en las organizaciones: cuándo ha sido la última vez que habéis celebrado algo, cuándo ha sido la última vez que una variable estratégica de la organización se ha debatido de forma compartida por el equipo (independientemente de que la decisión final le pertenezca al liderazgo), cuánto tiempo le has dedicado a cada persona de tu equipo en el último mes o en el último trimestre…

Pero, desde mi humilde perspectiva, preocuparse por las personas significa algo mucho más profundo y más personal que lo que el tiempo mide. Implica escucharlas, valorarlas, informarlas adecuadamente sobre su desempeño y sus áreas de mejora, transmitirles nuestras expectativas, conocer lo que aportan, conocer su potencial y ayudarlas a que puedan crecer y ofrecerlo, construir con ellas la meta de la organización y las suyas propias… Y además de todo ello, por si fuera poco, también está humanizar las relaciones. Somos personas, no máquinas. Tenemos emociones y sentimientos. Nos preocupan cosas de nuestra vida personal y laboral.

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Mientras que el trabajo, no ofrezca a las personas un espacio para “humanizarse”, para declarar en un momento sus dolores, frustraciones, preocupaciones, tristezas y rabias y además sus alegrías, orgullos, esperanzas e ilusiones, no estaremos en posición de decir que lo más importante son las personas.

¿Conoces organizaciones que se postulen con este tipo de manifestaciones? ¿crees que el mundo laboral puede humanizarse más? ¿crees que la crisis ha contribuido a avanzar o a obstaculizar este proceso?

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