Dentro del programa Andrekintzailea que impulsa la Diputación Foral de Bizkaia y que coordina Bilbao Metropoli-30, con la colaboración de EmakumeEkin, AED y Peopleing, me corresponde compartir con las emprendedoras de este programa, herramientas de inteligencia emocional que faciliten la gestión positiva y eficaz de los retos personales y profesionales que el emprendimiento supone para ellas.

Esta pasada semana, hemos compartido un taller de 4 horas, en el que hemos trabajado los siguientes temas que resumo a continuación:

  • Asumir que las emociones, más allá de las sensaciones placenteras o desagradables que provocan, no son buenas o malas en sí mismas, sino que son mensajes que transmiten información y nos están reclamando alguna acción por nuestra parte. Emoción etimológicamente viene de la raíz latina “moveré”, por lo tanto, en su propio significado está implícito el movimiento y la acción.
  • Normalizar que tenemos derecho a sentir emociones de las que públicamente no nos sentimos orgullosos/as, asumiendo simplemente que son parte de nuestra persona y nos están transmitiendo una necesidad de respuesta.
  • Esto último, implica reconocer igualmente el mismo derecho a que las demás personas experimenten sus propias emociones.
  • Tener presente que lo anterior, sin embargo, no significa que podamos comportamos de cualquier manera. Tenemos derecho a sentir nuestras emociones, pero las emociones no justifican cualquier comportamiento.
  • Comprender que aunque las emociones forman parte de nuestro procesamiento automático, podemos gestionarlas a través de pensamientos que nos lleven intencionalmente al estado en el que nos queremos encontrar. Gestionar, no significa reprimir. Significa ganar control sobre lo que siento, de manera que mis reacciones no estén a merced de mis impulsos automáticos, sino de mis decisiones conscientes.
  • Elaborar pensamientos saludables que puedan sustituir pensamientos tóxicos que habitualmente llevan a la culpa, al resentimiento, a la obligación, a la inseguridad, a la ira, a la tristeza o a la queja, entre otros.
  • Darse cuenta del auto-diálogo que mantenemos con nosotros/as mismos/as (qué me digo ) y aplicarnos unos mínimos de respeto, comprensión, condescendencia, perdón, e incluso humor que, curiosamente, somos capaces de ofrecer a las demás personas.
  • Avanzar en nuestro auto-conocimiento: quiénes somos realmente y quiénes queremos ser más allá de etiquetas y calificativos que nos hayan adjudicado personas de referencia.
  • Mantenernos alerta sobre la influencia que ejercen los roles y estereotipos sociales, en este caso de mujer, sobre nuestro desempeño profesional y sobre las emociones que sentimos.
  • Interiorizar que el valor de las personas no depende ni de su dinero, ni de su inteligencia, ni de su apariencia física, ni de su éxito, ni siquiera de su bondad, sino de existir, de ser quién es, porque todas las personas son únicas e inigualables.
  • Aceptar nuestras fortalezas y asumir que tenerlas presentes no constituye un acto de soberbia, sino de auto-afirmación y de conocimiento y que ese conocimiento es necesario para poder ofrecérselas al resto de personas con las que nos relacionamos y para ponerlas al servicio de nuestra empresa.
  • Finalmente, enfrentarse a cualquier situación de la vida, desde la perspectiva del protagonismo y la pro-actividad, preguntándonos “Y yo, ¿qué puedo hacer?”

Pero, sin duda, el mayor aprendizaje de este taller para mí, fue la comprensión mutua, la generosidad de compartir sus propias experiencias, la ternura y el respeto, la voluntad de ser y la positividad que volcaron todas las participantes. ¡Grandes luchadoras, mujeres valientes y humanas! ¡Ha sido un placer conoceros! Zorte on!

emprendedoras

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