El pasado fin de semana he tenido la oportunidad de participar en el taller “Explorando la autenticidad y la presencia desde el mindfulness”, impartido por Arawana Hayashi y organizado por María Carrascal, Fundadora de Emana.

Arawana Hayashi es co-fundadora del Presencing Institute, que forma parte del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde trabaja con el equipo de Otto Scharmer (Teoría U) y Peter Senge (La 5ª Disciplina). Además, ha desarrollado el “Social Presencing Theater”, una de las metodologías de dicho Instituto y forma parte del claustro de la Universidad Naropa en Colorado (EE.UU.) participando en el Grado en Liderazgo Auténtico de dicha Universidad.

En esta ocasión, la propuesta de Arawana se centró en trabajar la autenticidad y la presencia desde la plena conciencia (mindfulness). Lo hace desde dos nociones prácticas: por un lado, hacernos conscientes del cuerpo como elemento esencial de nuestra presencia y percepción del mundo; y por otro, el mencionado Teatro de Presencia Social, como plataforma dinámica para trabajar en equipo desde la corporalidad. El Teatro de Presencia Social explora el potencial creativo de la Teoría U y proporciona un aprendizaje que fortalece el trabajo en equipo, las colaboraciones creativas, la comunicación de grupo y las habilidades de liderazgo.

Me gustaría compartir contigo algunas de las reflexiones que he interiorizado en este taller me ha dejado a partir de las distintas dinámicas propuestas. Estos elementos son los que, personalmente, me han parecido más reveladores y adquieren, tanto una repercusión individual, como una posible aplicación a nuestra participación en el entorno social en el que nos movemos.

En primer lugar, la idea central sobre la que pivota este acercamiento parte de que el cuerpo y la mente son sólo uno. Vivimos habitualmente centrados en nuestra parte racional, en el cerebro, y hemos dejado de prestar atención a la valiosísima información que transmite nuestro cuerpo. De hecho, el cerebro cuenta con recursos limitados para el razonamiento y las respuestas conscientes, por lo que la mayor parte del tiempo, operamos desde patrones de comportamiento que tenemos incorporados, bien desde hábitos o instintos o fruto de los patrones aprendidos de nuestras experiencias vitales.

La mayoría de nuestros esfuerzos se dirigen a tratar de controlar la parte consciente, y sin embargo, no prestamos atención a esos patrones pre-programados e inconscientes que, en cierta medida, residen en la conciencia corporal.

Lo natural, por lo tanto, sería estar sintonizados, que nuestra mente y nuestro cuerpo estén integrados. Si no es así, resulta necesario darnos un tiempo para volver a ese estado que es natural.

En segundo lugar, se subraya la necesidad de alternar el movimiento y la quietud. La cultura occidental actual premia y valora la acción, la actividad, la rapidez… Sin embargo, hacer y no hacer, desde esta perspectiva, conviven en un plano de igualdad. Tan trascedente, importante y necesario es moverse, como parar. De hecho, contamos con gran parte de información valiosa e importante que sólo se revela en los periodos de reposo y de no-acción.

Vinculado con este punto, también se destaca la importancia de crear o posibilitar pequeños intervalos, intermedios, espacios temporales que nos permitan sentir y amplificar lo que siento, antes de reaccionar o de actuar por impulso.

En tercer lugar y pasando a una perspectiva social, todas las personas tenemos un lugar que nos corresponde. En palabras de Arawana, Otto Scharmer denomina “Attentional Violence” (violencia atencional) al hecho de no prestar atención a personas o grupos. De alguna manera, las personas contamos con la necesidad de pertenencia, estamos enraizadas a nuestro entorno y las demás personas con las que lo compartimos. En los orígenes de la evolución humana como especie, el mayor riesgo para la supervivencia no era la alimentación, sino la exclusión y eso, aún sigue impreso en nuestro patrón biológico. Por eso, se considera violento el hecho de no considerar, no prestar atención o no tener en cuenta, aunque ello no implique expresiones físicas o emocionales de abandono o desprecio. Estamos, por lo tanto, programados/as para prestar gran atención a las señales del entorno que nos transmiten información sobre nuestro lugar en el mismo. Y de nuevo, está información está, en gran medida disponible, en nuestra corporalidad.

En este sentido, la propuesta de Arawana trata de evolucionar de sistemas “egoicos” a sistemas “ecoicos o ecológicos”, en los que es preciso prestar atención a lo que nuestro cuerpo siente, sin perder de vista que el foco es la totalidad, lo que se co-crea entre las personas participantes. Básicamente, se trata de ganar conciencia sobre nuestra influencia mutua en los sistemas sociales en los que interactuamos.

En cuarto lugar y como no podía ser de otra manera, Arawana trabaja los cuatro niveles de atención que propone la Teoría U y nos muestra la matriz de evolución social que recoge los distintos grados que producen esos niveles, desde lo individual a la totalidad, pasando por el grupo y la organización.

cuerpo-autenticidad-presencia-mindfulness

Para finalizar y con respecto a la parte experiencial del taller, además de tener la oportunidad de compartir conversaciones y reencontrar viejos conocidos, resulta sin duda recomendable vivenciar el retorno al cuerpo y la reconciliación con él. En algunos momentos, diríase que habitamos sólo el ático que comienza a partir del cuello, olvidando el resto. La experiencia de simplemente “sentir” se convierte en una grata sorpresa y casi, en una aventura.

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