En posts anteriores, he tratado de la importancia de la autoestima.

Hoy me propongo continuar reflexionando sobre este tema, porque cada vez estoy más convencida de la importancia que tiene como variable fundamental de la felicidad de las personas.

La autoestima está estrechamente vinculada con nuestro autoconcepto, con la imagen que tenemos de nosotros/as mismos/as, es decir, se trata de la percepción y el conocimiento que las personas tienen de sí mismas.

A partir de ese conocimiento, las personas realizamos una valoración que refleja nuestra autoestima. Esa valoración, positiva o negativa, tiene un fuerte componente afectivo, es como la estima, el cariño o el desagrado que sentimos hacia otras personas, pero dirigido hacia nosotros mismos.

La autoestima positiva es una necesidad básica del ser humano y se ha comprobado que puede influir de manera determinante en nuestra manera de enfrentarnos a la vida y en las relaciones que tenemos con los/as demás.

¿Qué cuestiones influyen en la valoración que hacemos de nuestra persona?

Dado que nuestra identidad se compone de diversos roles, actividades, relaciones y pertenencias, las personas que cuentan con una visión positiva en muchos de estos esquemas son menos vulnerables ante sucesos negativos o fracasos en una faceta determinada.

Por otro lado, la valoración que hacemos depende también de los estándares o personas con las que comparamos nuestros rasgos y atributos. Podemos optar por hacer comparaciones descendentes, con personas de menor valía que nosotros/as en un aspecto concreto, como forma de proteger nuestra autoestima o podemos hacer comparaciones ascendentes que pueden actuar como acicate. Sin embargo, en ciertas ocasiones no podemos elegir con quién compararnos.

Me estoy acordando de lo inevitable de las comparaciones entre hermanos/as. El resultado de ese tipo de comparaciones afectará en mayor o menor medida a mi autoestima, dependiendo de la importancia que tenga para mí el rasgo que comparo.

Finalmente, las personas también nos comparamos con las construcciones mentales de lo que nos gustaría ser (yo ideal) o lo que deberíamos ser (yo responsable). Fruto de esas comparaciones surgen valoraciones que afectarán profundamente a nuestra autoestima.

En todo caso, la alta autoestima está relacionada con el bienestar físico, social y psicológico y se ha demostrado que las personas contamos con estrategias y herramientas que, de manera inconsciente, utilizamos para proteger nuestra valoración.

Entre ellas, nuestra tendencia a atribuir los éxitos a nuestras características personales y los fracasos a causas situacionales (sesgos en atribución favorables) o el efecto “mejor que la media”, gracias al cual pensamos que estamos por encima de la media en capacidades y habilidades.

autoestima

Finalmente, si leyendo estas líneas piensas que tú no haces uso de esas estrategias protectoras es que estás utilizando el sesgo del punto ciego, según el cual tenemos tendencia a pensar que somos menos proclives que el resto a cometer errores o percepciones de este tipo.

Te dejo recapacitando… Por cierto, ¿qué efecto tienen para ti las comparaciones? ¿son siempre odiosas?

Si te ha gustado este artículo, te animo a compartirlo por las redes sociales. Y, si deseas recibir mis actualizaciones por correo electrónico, puedes suscribirte al blog a través de este link.

Eskerrik asko! ¡Gracias por la visita!

LinkedInTwitterGoogle+FacebookPinterestEvernoteEmail